domingo, mayo 07, 2006

29.- Wurbrizc Wreckerholestein, príncipe heredero al tiempo pertinaz y antojadizo.

Había sido más de un milenio de crisis e infortunio en el planeta Asturiax; es en tiempos como esos cuando las masas enfervorecidas vuelven la vista hacia sus familias reales, depositarias y representantes de su unión, de su historia, de su modo de vida.

El príncipe Wurbrizc Wreckerholestein, heredero de la corona, era depositario y representaba el modo de vida del pueblo de forma harto simbólica: pocos Asturiacos cambian de yate deportivo cada tres semanas y de topmodel concubina cada quincena.

Pero había una explicación en esta conducta aparentemente frívola: sabedor de la fuerza representativa, la legitimidad casi sacralizante que emanaba de su condición rde derecho divino, Wurbrizc era consciente de que cualquier marca de deportivo que se viera asociada a su presencia, disfrutaría de una ventaja injusta a la hora de venderse en el mercado. Lo mismo se podía decir de las concubinas.

De todas maneras, el siempre joven y deseado príncipe se acercaba a una edad en la que esos atributos de joven y deseado sólo se reservan a la realeza, y eso haciendo un gran esfuerzo de lealtad mediática a la Corona. Tras una vida de ocio, veía acercarse con pavor la hora que todos los ex-adolescentes hemos visto llegar y temido: la hora de trabajar en algo.

Y, naturalmente, el único trabajo que se espera de un heredero de sangre real es reproducirse. Pero se esperaba de él que lo hicera con una señorita de referencias intachables, sin un oscuro pasado, ni mutaciones, ni implantes vaginales biónicos, ni excesivas apariciones en los astrocalendarios Pirelli. El pobre chico (52 años) nunca había conocido una mujer así, y aunque sus consejeros le elaboraron una lista, dudaba de su existencia.

Le fueron siendo presentadas una serie de intachables y finolis beldades en toda una sucesión de bailes y soireés de gran lujo y esplendor. Los enormes dispendios que este ritmo de vida acarreaba pudieron ser pagados con un contrato en exclusividad con una productora de reality-shows de hiperonda, que retransmitiría todos los pasos previos del cortejo, hasta la misma noche de boda (tras duras negociaciones se llegó a un acuerdo para que durante la noche de bodas no se utilizara cámara de rayos X que traspasara el edredón)

Así comenzó el proceso de elección de esposa y heredera, que fue largo y escabroso. Cuando a una chica no le encontraba un defecto él, se lo encontraban sus consejeros. Cuando no se lo encontraban sus consejeros, el ambiente bastante enrarecido del palacio/plató donde las sesenta candidatas se veían obligadas a residir entre prueba y prueba hacía el resto.

Las pruebas objetivas no eran demasiado difíciles. Baile de salón, pasarela con ramo de flores y tiara de diamantes, posado para sellos de correos, discursos de apertura de pruebas deportivas y culturales, desembarco de las jóvenes en planetas subdesarrollados para hacerse fotos con niños desfallecientes (la productora se vio obligada a incitar un par de pequeñas guerras locales, dado el consumo de planetas subdesarrollados no muy vistos que se traían sesenta aspirantes a princesa). Pero al llegar a la mansión, se desataba el infierno, y la ambición, la competencia, la desconfianza y las conspiraciones iban, por sí mismas, desgastando las posibilidades de una candidata tras otra.

Los primeros meses de emisión se centraron tanto en estos detalles, con notable éxito de audiencia, que los telespectadores ni se enteraron de que una revuelta palaciega había asesinado a los reyes de Asturiax y derrocado a la dinastía Wreckerholestein, ni de que el ahora destronado príncipe se había unido a los restos de su guardia, los más leales de sus criados y dos familias mafiosas que eran sus proveedores habituales de drogas y gachís, para seguir combatiendo al usurpador en la espesura del bosque en una guerra de guerrillas.

Tras tres años de durísima lucha, plagada de escaramuzas, traiciones, y todo tipo de atrocidades, un endurecido, pero socavado Wurbrizc reconquistó su reino y se autoimpuso la corona, arrancándola de la cabeza empalada del usurpador, su archienemigo que se había impuesto a sí mismo el título de Iruxabi Primero, el Pugnaz. Al tiempo que se coronaba, se autoproclamó Wurbrizc Quinto, el Pertinaz, rey de Asturiax, ante todas las cámaras y micrófonos del brazo de Sagitario. De esta bella ceremonia, cabeza empalada incluída, se dijo que había recuperado toda una serie de antiguas y ricas tradiciones ya casi olvidadas, lo que recibió la aprobación general.

El antes autocomplaciente e inmaduro Wurbrizc no tenía ahora tiempo que perder; acompañado de su Guardia de Honor, que eran al mismo tiempo sus fuerzas especiales, lo que evidenciaba su nuevo espíritu marcial aunque práctico, se dirigió a los estudios de Serrallo TV, donde tras ciento setenta exitosas semanas, aún se rodaba y emitía "Una princesa se procesa", el reality del que, se suponía aún, iba a salir su consorte.

En aquel preciso momento y lugar se resolvió el contrato (mediante los utilísimos poderes que concede la inmemorial Cláusula Cisneros, que concede preeminencia legal a la parte con superioridad artillera) y allí mismo, sentado en un trono improvisado, el rey Wurbrizc anunció que iba a elegir a su compañera.

-Aunque el contrato con Serrallo Tv ha sido resuelto de mutuo acuerdo por ambas partes, me considero atado por la palabra y el honor real a la hora de decidir que la nueva princesa consorte (pues en Asturiax no se concede el título de reina hasta que no han parido un heredero) salga del grupo de hermosas y respetables señoritas que han intervenido en este concurso, pues lo contrario sería un pago injusto a los considerables desvelos y molestias que han tenido que soportar todos estos años, sólo impulsadas por la esperanza de algún día compartir mi trono.

"Así que una de ellas será mi esposa, y princesa, pero, os advierto, nunca será reina. Sufro unas irreparables secuelas de todos estos largos años de guerra, de muchas heridas y sufrimientos, entre los que mi periodo de prisión y tortura en la cheka de Hellraiser V, nuestro satélite penal, no son los menores, así que, desgraciadamente, aunque daré todo mi amor, y todos los honores y prebendas a mi elegida, nunca podré engendrarle un heredero.

"Es el destino que la dinastía Wreckerholestein se extinga conmigo; es mi voluntad que, a mi muerte, también se extinga en Asturiax la monarquía, y dedicaré los años de vida que me quedan a preparar la sociedad y las leyes para un régimen más igualitario y estable, que evite para siempre un horror como los años de guerra pasados, y que restaure la antigua prosperidad de Asturiax.

"En esto me acompañará mi esposa, a la que ahora designaré.

"Han pasado tres años, y parece que haya pasado un siglo, pero de aquella feliz vida anterior a todas estas luchas recuerdo a una dama delgada y enérgica, de ojos profundos y eterna sonrisa. Sólo ella de todas las candidatas conmovió mi corazón, y a ella la elijo.

"¡Izia de Legislovivlis, da un paso al frente y toma esta corona que te ofrezco!

Un murmullo preocupado comenzó a circular entre los presentes. Uno de los chambelanes del palacio Serrallo se acercó al rey, y le dijo.

-Majestad, vos seguramente no podíais seguir todas las emisiones desde vuestras cavernas en los montes, o vuestra celda en Hellraiser V, sin duda la recpeción de hiperonda era pésima, pero lamento comunicaros que la señorita Izia de Legislovivlis, que en los pronósticos de muchos de nosotros, empezaba a destacarse como la futura reina poco antes de vuestro infortunado destierro, murió muy poco después del inicio de las revueltas, en un desgraciado accidente en el que estuvieron implicados una ducha, un cable de 500 voltios que alguien se dejó olvidado allí, sin duda sin malicia, y una envoltura aislante especial para dicho cable, sensible a la urea, que se disolvió cuando la difunta Izia de Legislovivlis tuvo a bien orinar en la ducha, capricho al que era muy aficionada.

"Dado que las cláusulas de su contrato con la productora preveían que, en caso de muerte, todos los derechos de explotación de sus restos nos pertenecían, su momia está expuesta en la exposición temática para visitantes del sótano, aunque pasado tanto tiempo, pocos seguidores del programa aún la recuerdan. Así que, con todos los respetos, temo que su majestad tendrá que elegir otra consorte.

Mucho habían sufrido el cuerpo y la mente del rey Wurbrizc el pertinaz en sus años de lucha: la carcajada de resonancias diabólicas en que prorrumpió, cuyo enorme estruendo reverberó por todas las columnatas del Serrallo, y que duró más de tres minutos, asustando a los gorriones de los jardines interiores y arrancando pequeñas porciones de estuco de los techos, era indicio de ello. Lo que dijo a continuación, sin duda, también.

-¡¡¡Es lo mismo!!! ¡¡¡ES LO MISMO!!! ¡Mi casa está muerta, mi dinastía, la monarquía, y hasta este planeta lo están! ¡Que sea una muerta quien ocupe el trono junto a mí! JA JA JA JA JA JA JA JA JA

El rey estaba rodeado de sus soldados más leales y fieros, que estaban dispuestos a cumplir, y a hacer cumplir, cualquiera de sus órdenes. Así que los chambelanes de Serrallo Tv no lo contradijeron. Gracias a un nuevo descubrimiento, el Clorato de Zombicina, se podía reinstaurar en un cadáver medianamente conservado una apariencia limitada de vida, la suficiente para cumplir con las limitadas obligaciones de su cargo, ya excluída, como estaba, la reproducción. El nuevo ser moviente y consorte, de la categoría legal No-muerto, a la que legalmente se les reconocía derechos cívicos, aunque se les añadía el prefijo Mort para evitar confusiones, tendría una limitada capacidad de movimiento, pero serviría para sentarse (algo envarada) en el trono y posar junto a niños famélicos y como motivo de los sellos de correos. No podría leer sus propios discursos, pero la mayor parte de los monarcas vivientes tampoco los escriben, ni realmente los leen.

El rey, su guardia de honor, y todos los presentes, le rindieron homenaje en su trono, y pronunciaron el saludo ritual:


¡SALVE, MORTIZIA, PRINCESA DE ASTURIAX!